
Sin saber cómo, ni el momento exacto, de pronto Heinrik comenzó a sentir una extraña sensación. Parecía como si su vista se nublara, el paisaje comenzaba a difuminarse a la vez que la luna palidecía y el rostro de la Princesa se desvanecía. Todo se estaba volviendo borroso y con un profundo asombro e impotencia, Heinrik podía sentir como el tiempo corría marcha atrás. Mientras veía como las acciones pasadas sucedían al revés, por su mente pasaban infinidad de recuerdos. Vio el momento en el que ella rompió a llorar, y también el momento en el que pronunció aquellas horribles palabras...poco a poco dejó de sentirse triste y su corazón recuperó la energía que el tiempo parecía haberle robado. Ahora se encontraban bajo la luna, tan brillante como los ojos de la princesa, tan llenos de amor que parecían hablar. Heinrik sentía, en lo más profundo de su alma, que había aprendido una valiosa lección. No sabía como aquello había sucedido, intentaba explicarse el porqué, aunque ahora lo más importante era su amor por la Princesa. Se había vuelto más fuerte, más brillante.

Aprender de nuestros errores nos ayuda a ser mejores personas. Dicen que el ser humano es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. Quizás antaño perdimos una valiosa cualidad. Todos deseamos alguna vez, con todas nuestras fuerzas, volver atrás en el tiempo. Y aunque en la vida no hay un borrador para equivocarse, perdonar nos hace más humanos.


