martes, 6 de abril de 2010

Tiempo y realidad

Al ver la reacción de la Princesa, Heinrik se sintió profundamente apenado, pero procuró mantenerse firme en su postura, a pesar de que por dentro se estaba muriendo...en todo el tiempo que habían estado juntos, un profundo amor parecía que los había unido de una forma mística. Tanto dolor sintió al escuchar las palabras de pena que de los labios de la Princesa salían, que de pronto se dio cuenta del tremendo error que había cometido. En realidad no sentía lo que le había dicho, no quería decir lo que dijo, aunque por miedo a ser dañado había tomado una decisión errónea. Como si la oscuridad envolviera el cielo, el frío inundó su corazón y comenzó a pensar que este error marcaría su vida para siempre. Se preguntó si era posible dar marcha atrás y deshacer aquella situación ,pero veía que el corazón de la Princesa estaba profundamente dañado y que difícil sería curarlo. deseó con todas sus fuerzas que las lágrimas de la Princesa no hubieran caído aquella noche sobre la arena.



Sin saber cómo, ni el momento exacto, de pronto Heinrik comenzó a sentir una extraña sensación. Parecía como si su vista se nublara, el paisaje comenzaba a difuminarse a la vez que la luna palidecía y el rostro de la Princesa se desvanecía. Todo se estaba volviendo borroso y con un profundo asombro e impotencia, Heinrik podía sentir como el tiempo corría marcha atrás. Mientras veía como las acciones pasadas sucedían al revés, por su mente pasaban infinidad de recuerdos. Vio el momento en el que ella rompió a llorar, y también el momento en el que pronunció aquellas horribles palabras...poco a poco dejó de sentirse triste y su corazón recuperó la energía que el tiempo parecía haberle robado. Ahora se encontraban bajo la luna, tan brillante como los ojos de la princesa, tan llenos de amor que parecían hablar. Heinrik sentía, en lo más profundo de su alma, que había aprendido una valiosa lección. No sabía como aquello había sucedido, intentaba explicarse el porqué, aunque ahora lo más importante era su amor por la Princesa. Se había vuelto más fuerte, más brillante.



Aprender de nuestros errores nos ayuda a ser mejores personas. Dicen que el ser humano es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. Quizás antaño perdimos una valiosa cualidad. Todos deseamos alguna vez, con todas nuestras fuerzas, volver atrás en el tiempo. Y aunque en la vida no hay un borrador para equivocarse, perdonar nos hace más humanos.

domingo, 14 de marzo de 2010

Caos

En ocasiones, Heinrik se paraba a pensar en los orígenes de su relación con la Princesa. Se sentía tremendamente afortunado por haber encontrado a su alma gemela. Otros muchos lo habían intentado, pero en vano, seguían perdidos en la soledad del tiempo y el espacio. También recordaba el inicio de aquel eterno viaje. Pero no todos fueron buenos momentos. Tiene muy presente y no olvida el hecho de que un día, por miedo al dolor que la Princesa pudiera causarle, y temiendo al fuerte sentimiento que comenzaba a sentir por ella, creyó que lo mejor era rechazarla, apartarla cautelosamente de su vida, para que su inmenso amor no pudiera dañarlo. Actuando de forma injusta y egoísta creyó que su defensa lo haría más feliz. Ese día la Princesa rompió a llorar, desconsolada se preguntaba cuál era su error, que había hecho para merecer el rechazo de Heinrik, cuando por aquel entonces, ella comenzaba a entregarle su corazón.

Image Hosted by ImageShack.us


Hay acciones que nos marcan de por vida, acciones que en el momento no somos conscientes de su repercusión. Hay quien dice que el aleteo de las alas de una mariposa en Pekín, puede provocar una tormenta en New York. Si un hecho tan simple puede cambiar la vida de una persona...¿qué podría cambiar una decisión importante?

viernes, 12 de marzo de 2010

Distancia

Heinrik conoció a la Princesa cuando estaba acabando sus estudios en la academia, antes de su marcha a la universidad. Sus primeros años de relación fueron difíciles, pero a la vez, inmensamente felices. Marcados por la distancia y la creciente pasión que no podía resolverse de manera satisfactoria, a veces sentían una frustración que a menudo traducían en malos humos y pequeños enfados. Con el paso del tiempo, su amor, confianza y cariño se fueron haciendo más fuertes.
Ella contaba cada segundo hasta que recibía la visita de Heinrik. Él veía pasar el tiempo ante sus ojos, anhelando que llegara el momento de abrazar a la Princesa.



Llegó un verano en el que ambos disfrutaron del amor, sin kilómetros de por medio. Por aquellos días Heinrik descubrió una cualidad mágica en su ser. Se dio cuenta una noche en la playa. El mar estaba tranquilo y la luna llena iluminaba el dulce rostro de la Princesa. Allí estaba ella, bajo la luna, a la orilla del mar. Su silueta resplandecía como si un halo místico la envolviera, su nombre representaba la pureza y transparencia de su corazón. Ella volvió la mirada hacia Heinrik, y susurrándole al oído le dijo:
-Deseo que esta noche sea eterna.


sábado, 13 de febrero de 2010

Recuerdos



En una visita a casa de sus padres, para una comida festiva, Heinrik se sintió como si hubiese regresado a aquellos años pasados en los que vivía bajo su techo, oprimido por su insistencia en conservar extraños valores que para él carecían de significado. En aquellos tiempos las discusiones se reflejaban sobre las gotas de salsa derramadas en el mantel.

Para escapar, Heinrik partió en un viaje hacia la universidad, a la que fue tras dejar la casa de sus padres. Mientras se alejaba de esa casa problemática, sintió como la vergüenza de la infancia se difuminaba en el pasado. Pero ahora se adentraba en todas las inseguridades que había sentido en la universidad, el pánico de caminar en la cuerda floja de la sociedad. La sombra de una inminente guerra contra el imperio, se cernía sobre las mentes de los ciudadanos libres. Heinrik solo deseaba encontrar de nuevo a la Princesa, antes de que la guerra estallase y tuviera que luchar en el frente. Sabía que su amada también se ofrecería para combatir, pero el miedo a no volver a verla, hacía que su corazón se encogiera.
Heinrik solamente se sintió aliviado cuando terminó la visita a casa de sus padres.



De vuelta a su hogar en el presente e inmerso en el contraste de la situación, veía cuánto había cambiado desde aquellos días. Se preguntaba que hubiera pasado si en vez de elegir el camino más fácil, hubiera elegido luchar contra sus miedos, al lado de su Princesa. Aún así, el hecho de haberla conocido, le transmitía un místico alivio, como si de su redentora se tratase. Los años de romance que pasó durante su etapa en la universidad, le traían gratos recuerdos. Pero a su vez, recordaba aquellos momentos en los que su corazón no estuvo con la Princesa. Hubo un tiempo en el que la distancia se hacía más fuerte que el amor. Ésta, amenazaba con destruir todo lo que juntos un día habían construido.

Mientras aligeraba el paso, las lágrimas comenzaban a secarse en su rostro. Los recuerdos se tornaban borrosos y Heinrik comenzaba a sentir el pulso de su corazón.
A veces los recuerdos nos transportan al pasado, de tal manera que parece que los volvemos a vivir. Las cosas que nos marcan, determinan nuestras acciones venideras. El futuro no está establecido, con cada acción que llevamos acabo lo vamos construyendo.

Misterio



Hace muchos años, Heirink dejó atrás a la Princesa. La besó en el cuello, recogió su bolsa de viaje y salió caminando lentamente por la puerta. En cierto modo se arrepiente de eso, pero no comprende como la Princesa no impidió su marcha. Ahora ha emprendido un viaje para encontrarla, y mostrarle lo triste que fue, lo amargo de aquellos años de dolor, de arrepentimiento y de impotencia.

Durante mucho tiempo, su relación había sido feliz. Ella había sido sobreprotectora, repelía sus errores antes de que tocasen a Heinrik. Así mismo, controlando estrictamente sus errores, él la complacía.
Pero estar completamente protegido por la comodidad de un amigo fiel es un modo de existencia que conlleva graves implicaciones. Para complacerla perfectamente, él debe entenderla perfectamente. De ese modo, Heinrik no debería desafiar sus expectativas y huir de ella.
La bondad de la Princesa lo ha rodeado durante toda su relación, y los logros de la vida de Heinrik no irán más allá del mapa que ella ha dibujado. Heinrik necesitaba que no pudieran dibujar su destino, necesitaba sentirse libre y a la vez sentía placer anhelando un futuro incierto y lleno de desafíos, creía que debía ser independiente para luchar y vencer esos desafíos, sin la ayuda de la Princesa. A veces sentía la necesidad de ser inmune al cariño de la Princesa, en cierto modo no quería sentirse tan querido e imprescindible.

En la distancia, Heinrik vuelve su mirada atrás y ve un castillo donde las banderas ondean incluso sin viento, banderas de luto...se puede ver como un rayo de luz, como si de esperanza se tratase, atraviesa una de las ventanas del castillo, la ventana de la Princesa, aquella que un día brillaba sin luz artificial. Algo de magia, nos gusta creer que el amor es mágico.

El tiempo, al igual que algunos misterios, es eterno. Si las huellas que deja el amor en el corazón, son eternas, podemos pensar que hay cosas que nunca cambiarán, que son para siempre.

jueves, 11 de febrero de 2010

Olvidar


Sucedió porque Heinrik cometió un error. No sólo uno. Cometió muchos errores mientras estuvieron juntos, hace muchos años. Los recuerdos de su relación han devenido confusos, han cambiado por completo, salvo uno; la Princesa alejándose de él y su trenza azotándole con desprecio.
Él sabe que ella intentó ser comprensiva, ¿pero quién puede ignorar una mentira culpable, una puñalada trapera? Ese error cambiará la relación sin remedio, incluso si hemos aprendido de los errores y no los volvemos a repetir. Los ojos de la Princesa se estrecharon. Se volvió más distante.

Nuestro mundo, con sus reglas de causalidad, nos ha enseñado a no ser generosos: si perdonamos con facilidad, podemos acabar malheridos. Si hemos aprendido de un error, y gracias a eso somos mejores personas, ¿no deberían recompensarnos por lo aprendido, en lugar de castigarnos por nuestro error?
¿Y si nuestro mundo funcionara de otra manera? Supón que pudiéramos decirle: "No sentía lo que acabo de decir." y ella diría: "No importa, lo comprendo", y no se alejara para perderse en el tiempo, y la vida continuara su curso como si nunca hubiéramos dicho esas cosas. Podríamos eliminar el daño y, aún así, aprender del error.

Heinrik y la Princesa descansan en el jardín del castillo, se ríen, ponen nombres a las estrellas del cielo. Se ocultan los errores el uno al otro, los guardan entre los pliegues del tiempo, a salvo.

Silent Knight

Silent Knight
heart of a knight, soul of a wolf