sábado, 13 de febrero de 2010

Recuerdos



En una visita a casa de sus padres, para una comida festiva, Heinrik se sintió como si hubiese regresado a aquellos años pasados en los que vivía bajo su techo, oprimido por su insistencia en conservar extraños valores que para él carecían de significado. En aquellos tiempos las discusiones se reflejaban sobre las gotas de salsa derramadas en el mantel.

Para escapar, Heinrik partió en un viaje hacia la universidad, a la que fue tras dejar la casa de sus padres. Mientras se alejaba de esa casa problemática, sintió como la vergüenza de la infancia se difuminaba en el pasado. Pero ahora se adentraba en todas las inseguridades que había sentido en la universidad, el pánico de caminar en la cuerda floja de la sociedad. La sombra de una inminente guerra contra el imperio, se cernía sobre las mentes de los ciudadanos libres. Heinrik solo deseaba encontrar de nuevo a la Princesa, antes de que la guerra estallase y tuviera que luchar en el frente. Sabía que su amada también se ofrecería para combatir, pero el miedo a no volver a verla, hacía que su corazón se encogiera.
Heinrik solamente se sintió aliviado cuando terminó la visita a casa de sus padres.



De vuelta a su hogar en el presente e inmerso en el contraste de la situación, veía cuánto había cambiado desde aquellos días. Se preguntaba que hubiera pasado si en vez de elegir el camino más fácil, hubiera elegido luchar contra sus miedos, al lado de su Princesa. Aún así, el hecho de haberla conocido, le transmitía un místico alivio, como si de su redentora se tratase. Los años de romance que pasó durante su etapa en la universidad, le traían gratos recuerdos. Pero a su vez, recordaba aquellos momentos en los que su corazón no estuvo con la Princesa. Hubo un tiempo en el que la distancia se hacía más fuerte que el amor. Ésta, amenazaba con destruir todo lo que juntos un día habían construido.

Mientras aligeraba el paso, las lágrimas comenzaban a secarse en su rostro. Los recuerdos se tornaban borrosos y Heinrik comenzaba a sentir el pulso de su corazón.
A veces los recuerdos nos transportan al pasado, de tal manera que parece que los volvemos a vivir. Las cosas que nos marcan, determinan nuestras acciones venideras. El futuro no está establecido, con cada acción que llevamos acabo lo vamos construyendo.

Misterio



Hace muchos años, Heirink dejó atrás a la Princesa. La besó en el cuello, recogió su bolsa de viaje y salió caminando lentamente por la puerta. En cierto modo se arrepiente de eso, pero no comprende como la Princesa no impidió su marcha. Ahora ha emprendido un viaje para encontrarla, y mostrarle lo triste que fue, lo amargo de aquellos años de dolor, de arrepentimiento y de impotencia.

Durante mucho tiempo, su relación había sido feliz. Ella había sido sobreprotectora, repelía sus errores antes de que tocasen a Heinrik. Así mismo, controlando estrictamente sus errores, él la complacía.
Pero estar completamente protegido por la comodidad de un amigo fiel es un modo de existencia que conlleva graves implicaciones. Para complacerla perfectamente, él debe entenderla perfectamente. De ese modo, Heinrik no debería desafiar sus expectativas y huir de ella.
La bondad de la Princesa lo ha rodeado durante toda su relación, y los logros de la vida de Heinrik no irán más allá del mapa que ella ha dibujado. Heinrik necesitaba que no pudieran dibujar su destino, necesitaba sentirse libre y a la vez sentía placer anhelando un futuro incierto y lleno de desafíos, creía que debía ser independiente para luchar y vencer esos desafíos, sin la ayuda de la Princesa. A veces sentía la necesidad de ser inmune al cariño de la Princesa, en cierto modo no quería sentirse tan querido e imprescindible.

En la distancia, Heinrik vuelve su mirada atrás y ve un castillo donde las banderas ondean incluso sin viento, banderas de luto...se puede ver como un rayo de luz, como si de esperanza se tratase, atraviesa una de las ventanas del castillo, la ventana de la Princesa, aquella que un día brillaba sin luz artificial. Algo de magia, nos gusta creer que el amor es mágico.

El tiempo, al igual que algunos misterios, es eterno. Si las huellas que deja el amor en el corazón, son eternas, podemos pensar que hay cosas que nunca cambiarán, que son para siempre.

jueves, 11 de febrero de 2010

Olvidar


Sucedió porque Heinrik cometió un error. No sólo uno. Cometió muchos errores mientras estuvieron juntos, hace muchos años. Los recuerdos de su relación han devenido confusos, han cambiado por completo, salvo uno; la Princesa alejándose de él y su trenza azotándole con desprecio.
Él sabe que ella intentó ser comprensiva, ¿pero quién puede ignorar una mentira culpable, una puñalada trapera? Ese error cambiará la relación sin remedio, incluso si hemos aprendido de los errores y no los volvemos a repetir. Los ojos de la Princesa se estrecharon. Se volvió más distante.

Nuestro mundo, con sus reglas de causalidad, nos ha enseñado a no ser generosos: si perdonamos con facilidad, podemos acabar malheridos. Si hemos aprendido de un error, y gracias a eso somos mejores personas, ¿no deberían recompensarnos por lo aprendido, en lugar de castigarnos por nuestro error?
¿Y si nuestro mundo funcionara de otra manera? Supón que pudiéramos decirle: "No sentía lo que acabo de decir." y ella diría: "No importa, lo comprendo", y no se alejara para perderse en el tiempo, y la vida continuara su curso como si nunca hubiéramos dicho esas cosas. Podríamos eliminar el daño y, aún así, aprender del error.

Heinrik y la Princesa descansan en el jardín del castillo, se ríen, ponen nombres a las estrellas del cielo. Se ocultan los errores el uno al otro, los guardan entre los pliegues del tiempo, a salvo.

Silent Knight

Silent Knight
heart of a knight, soul of a wolf